Proyecto de eliminación de CFCs


Los inhaladores de dosis medida han sido usados durante décadas para dispensar medicamentos para combatir diversas enfermedades, principalmente respiratorias, y han demostrado su eficacia y superioridad sobre otros métodos de administración de los mismos fármacos así como su confiabilidad y facilidad de uso.

       Durante el siglo pasado, se descubrieron diferentes compuestos que fueron muy útiles como refrigerantes, propelentes y solventes, particularmente para aerosoles, llamados clorofluorocarburos o “CFC’s”. Productos de muy baja toxicidad, fácil manejo, a precios accesibles, sumamente estables y que no reaccionaban o modificaban la composición de varias moléculas usadas como principio activo farmacéutico en el tratamiento de diversas enfermedades.

      Gracias a estas bondades, los CFC’s rápidamente fueron adoptados para la fabricación de inhaladores de dosis medida por la industria farmacéutica, así como preferidos en la elaboración de aerosoles de todo tipo. También encontraron un amplio uso en equipos de refrigeración para la industria y el hogar.

       Todo parecía ir muy bien hasta que en 1974 el Profesor Sherwood Rowland y el mexicano Mario Molina publicaron en la revista “Nature” los resultados de sus investigaciones realizadas sobre cómo los átomos producidos por la descomposición de los CFC’s destruían el ozono, amenazando así a una de las capas fundamentales de nuestra atmósfera. 

       Este fenómeno fue comprobado posteriormente al observarse hoyos en dicha capa de ozono.

       Pocos acontecimientos han iniciado una respuesta tan grande y unánime por parte de la humanidad para tratar de controlarlos. Además de la lógica búsqueda vigente en aquellos tiempos por nuevos refrigerantes, propelentes y solventes, se desató una estampida científica para buscar sustitutos de los CFC’s.

      Pronto hubo algunos compuestos viables para diferentes aplicaciones, y algunos otros no tan convenientes debido a su costo, aplicación, propiedades físico-quimicas, etc.

      Para 1987 se negoció el “Protocolo de Montreal”, relativo a las sustancias que agotan el ozono, que entró en vigor a partir de 1989, protocolo que ha sufrido varias modificaciones, y se espera que si todos los países cumplen con los objetivos propuestos, la capa de ozono podría haberse recuperado para el año 2050.

     Rápidamente se han sustituido refrigerantes y propelentes para múltiples usos. Pero hay dos ramas en las que el uso de compuestos halogenados no ha sido tan sencillo de evitar: su uso como extintores de incendios en algunas aplicaciones como la industria aeronáutica y las formulaciones farmacéuticas.

     Desarrollar y aprobar compuestos para su aplicación en la medicina puede llevar años o décadas, pues estamos hablando de uno de los temas más importantes para el hombre: la salud. Tampoco es posible hacer pruebas en humanos desde el primer momento, sino que se debe recorrer un largo camino antes de poder asumir que estas pruebas sean de muy bajo riesgo.

       Finalmente, poseemos en la actualidad algunos compuestos libres de CFC’s que pueden usarse como sustitutos en la formulación de inhaladores de dosis medida. Pero las formulaciones cambian, deben ser ensayadas, su preparación industrial exige de diferentes tecnologías a las usadas anteriormente, sus costos son diferentes, y finalmente la aceptación del nuevo producto, por parte del paciente y los médicos puede representar un gran problema.

      Estos tres puntos: la investigación de nuevos productos, la aplicación de nuevas tecnologías y equipamiento y la aceptación del nuevo producto representan un reto enorme para los fabricantes de medicamentos genéricos en países en vías de desarrollo, como el nuestro, pues normalmente se trata de empresas medianas y pequeñas.

      

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En el caso de nuestra empresa, Laboratorios Salus, S.A. de C.V., dedicada principalmente a proveer de medicamentos genéricos de alta calidad a las instituciones médicas del gobierno mexicano y a ofrecer productos de costo accesible a las clases más desprotegidas, había pocas alternativas. Somos pocos los fabricantes de inhaladores de dosis medida en México.

Invertir directamente en el desarrollo de nuevas formulaciones y adquisición de líneas de producción se volvió una necesidad para nosotros. Haberlo hecho solos seguramente hubiese resultado en largos tiempos de investigación así como la necesidad de reflejar el costo al consumidor final, y probablemente nos hubiese sacado del mercado al no poder ofrecer precios competitivos contra productos de importación, y otra vez la fuga de divisas para México, así como un posible período de desabasto a las instituciones de salud dados los compromisos adquiridos en diversas licitaciones.

En el año de 2005 la SEMARNAT fijó cuotas de importación muy estrictas para los CFC’s a fin de cumplir con los acuerdos ya firmados con el Comité Ejecutivo del Protocolo de Montreal. Ese mismo año se realizó una reunión en la SEMARNAT en la que se habló de la posibilidad de llevar a cabo un proyecto para la reconversión de los inhaladores de dosis medida con apoyo del Fondo Multilateral del Protocolo de Montreal.

En septiembre de 2006 sostuvimos una reunión en SEMARNAT representantes de la ONUDI, proveedores de propelentes y representantes de Laboratorios Salus, S.A. de C.V., donde se decidió iniciar los trámites para conseguir el acceso a los fondos de apoyo del Protocolo de Montreal, iniciándose la recolección de la información solicitada. Dicha información fue completada para enero de 2007 y presentada en la reunión del comité en noviembre del mismo año, aprobándose fondos que se usarían en la adquisición de nuevo equipamiento, el desarrollo de las nuevas formulaciones y la promoción de los nuevos productos entre médicos y pacientes para lograr su pronta adaptación a los posibles cambios.


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